ENTREVISTA AL POETA TRUJILLANO OSCAR RAMIREZ POR CARLOS HUMBERTO REYES.C


¿Desde cuando inicia esta inquietud por la literatura?

No recuerdo muy bien si fue a los 7 u 8 años, cuando leí por casualidad un folletín de esos que venden por un sol que trajo un tío cuando vivía en Lima; bueno, en esa época debió haber costado medio millón de intis, o la mitad del sueldo de alguien, con la inflación que había... te hablo más o menos de los fines del primer gobierno (y que debió ser el único) de Alan García. Bueno, el folletín decía 'Tradiciones en salsa verde' y yo creí que trataba sobre comida o algo por el estilo. Me leí el folletín en una tarde, mientras en casa estaban de fiesta no sé porqué. Acabé el libro, me había dado mucha risa en varias partes, aunque algunas palabras no las entendía, pero las había escuchado; la cosa era que me había gustado lo que leí y quería leer más, así que inocentemente voy a decirle a mi tío que me preste otro folleto, él me mira y me dice que eso no era para niños, y se ríe. Tiempo después supe del verdadero contenido de esas 'tradiciones'. Creo que ahí se inició todo.


¿Existen dificultades para encaminarse el trabajo literario?
Mira, las dificultades existen en medida que uno ambicione algo. En lo general, para escribir no existe ningún problema, porque uno no le está pidiendo a nadie para crear una historia o basarle en algún suceso que debe transformar, en eso no hay dificultad; las dificultades surgen al momento de querer plasmar esas obras, por ejemplo: no existe un mercado de lectores de poesía, es muy exclusivo, y mucha de la buena poesía queda sólo en grupos herméticos; en la narrativa existen los lectores, pero los medios para poder sacar a la luz un libro los cubre el autor, es decir, paga para que lo publiquen. En la realidad el autor es el creador, el tipeador de su trabajo, el que solventa la edición, el que presenta el libro, el difusor, el vendedor, el cajero y hasta el pirateador; es decir, no hay un campo reflexivo ni crítico que faculte la posible difusión de un texto nuevo. Las editoriales independientes hacen una labor profusa por publicar libros, algunos buenos otros malos, pero muchas de ellas no sobresalen por la calidad de sus ediciones, que se van deshojando, errores en los textos, etc.; es decir, no ofrecen un producto de competencia general. En Trujillo manejo lo que es Editorial Alternativa OREM, que lleva casi año y medio y 10 títulos en su haber, y nuestra principal meta, porque lo veo como lector, es que el libro que publicamos no se deshoje y esté bien redactado; la editorial se a abierto campos tanto en Trujillo como en Lima, y ya en el 2010 vamos a expandernos por todo el norte y ver la posibilidad de publicaciones comunitarias entre autor y editorial, para brindar un mayor campo de desarrollo y difusión de los escritores noveles, porque lastimosamente las grandes editoriales peruanas, sólo velan por sus vacas sagradas y no le brindan espacio a las nuevas voces.


¿Con qué personaje literario te identificas más?
Nunca me había preguntado eso, pero creo que con Óscar Matzerath, de ‘El tambor de hojalata’, pero sin la joroba.


¿Qué obra leería por segunda vez?, ¿qué no leería?
Me he releído como 20 veces ‘El Principito’ de Antoine de Saint-Exúpery, y me lo voy a seguir releyendo porque hasta ahora ha sido el único libro que me ha brindado esa lágrima que nos dicta la ternura. No leería libros de autoayuda, que los he leído para brindar mi juicio, ya que el arte en sí nos brinda diversos tipos de verdades y vidas, pero nunca nos puede decir cómo vivir y creer que la verdad le pertenece sólo a una persona; detesto los juicios valorativos que dan esos libros y peor aún que en muchos colegios se den cómo cátedras de vida… yo considero que los profesores que dan a leer esos libros son los incapaces de brindar un mínimo criterio de enseñanza y pretenden que un libro haga su trabajo.


¿En qué lugar suele escribir rutinariamente?
Lugares, pues donde me sienta cómodo, puede ser en mi cama, en el salón de clase, caminando, conversando con amigos, donde surjan las ideas, uno no puede privarse de esperar a estar sentado en una mesita con lámpara de noche animando una inspiración que no existe; considero que las ideas asaltan el pensamiento, y uno tiene que atraparlas, están en el aire, flotando, y cuando uno las encuentra debe trabajarlas en el instante, sino se pierden.


¿Cuál fue su primera obra?
Mi primer libro publicado ha sido ‘Arquitectura de un día común’, salió en marzo de 2009. Arquitectura… es un poemario escrito hace como 3 años, y que surgió de manera casi romántica, aunque los poemas no eran románticos; recuerdo que eran 24 poemas, que eran la edad que cumplía la chica que en ese entonces era mi pareja, pero con el devenir y las correcciones quedaron en 20. Lo curioso es que en sí yo había escrito un poemario de casi 100 textos por el 2002, lo tenía listo y me sentía orgulloso de él; lo guardé por unos meses, tiempo en el que descubrí y leí con avidez a autores narrativos y poéticos de diferentes tendencias y líneas literarias; leía también dramaturgos que me brindaban una sensación extraña de la realidad, y cuando volví a leer ese poemario, luego de casi seis meses de ausencia, sólo me quedó una opción: lo quemé, me deshice de él, porque lo único que había en ese libro eran sólo palabras, frases típicas, comunes, sin sentido, frases trilladas, sentí que a los textos le faltaban pasión.


¿Existen secretos de oficios para ser escritor?
No sé si secretos, pero sí formas. Por ejemplo, considero que para la poesía (la que yo escribo) existen dos cosas: lenguaje e intelecto. Existe la idea que asalta y que uno escribe utilizando el lenguaje más adecuado, luego la lectura del texto y la corrección en base al intelecto, de esa forma yo concibo mi poesía. Muchos creen que así la poesía pierde la frescura, y yo considero que la pierde siempre y cuando uno haya perdido la idea inicial. Yo veo cada poema como si fuera un arbusto al cual tengo que darle forma podándole las ramas sueltas, ir cortando lo que está demás, limpiando lo vetusto, hasta que al final queda de la forma que uno imagina en la primera pincelada.


¿Es importante en la vida del escritor la opinión de los críticos?
El principal crítico de una obra es el mismo autor, y la única forma que puede llegar a serlo es con las lecturas que tenga. Los ‘críticos especializados’ son lectores que tratan de ver únicamente errores, y dejan de lado el placer de la lectura; no estoy en contra de ellos, que los hay muy buenos, pero otros tantos sólo argumenta su crítica en base a si puso una buena coma, un punto adecuado, el guión correcto, etc., lo cual es garrafal. Considero que hay que tomar las críticas como de quien viene, y si las hay estúpidas, la única forma de combatirlas es con la indiferencia.


¿Alguna frase celebre que siempre cita?
‘Puede ser’, ‘yo considero’.


¿Qué le diría aquellos interesados a seguir en el mundo literario?
Lo mismo que me decían a mí: ‘De escritor te vas a morir de hambre’, porque esa ha sido siempre la frase que me ha motivado en todos mis proyectos artísticos.


¿Qué piensa sobre este boom literario juvenil descentralizado?
Que hacía falta. El nihilismo en que habíamos caído nos estaba volviendo unos simples consumistas y observadores, ahora nos convierte en el medio y voz para dejar testimonio de nuestro paso por el tiempo.


Lima necesita de escritores, las provincias se levantan con sus manifestaciónes culturales, ¿que piensa sobre esto?, ¿Lima ya no es el epicentro cultural?
Los epicentros varían dependiendo de las intenciones artísticas. Siempre nos ha preocupado el centralismo, que es un mal demasiado embargador, pero que no es determinante, porque mientras el autor escriba con pasión y dedicación, así sea en el lugar más alejado, si la obra vale, será reconocida. Todo es un proceso y siempre las provincias han sido los puntos creadores de la literatura peruana: Vallejo (Trujillo), Vargas Llosa (Arequipa), Valdelomar (Pisco), Arguedas (Andahuaylas); es decir, tanto referentes como creadores han surgido de distintas partes del país, y han dejado testimonio de lugares comunes y cotidianos, pero recreados con un lenguaje y una visión totalizadora que rompe y elimina los límites de espacio-tiempo para desarrollar una literatura de carácter universal. No deberíamos preocuparnos por el centralismo, deberíamos preocuparnos únicamente por escribir bien.

Oscar Ramirez
Editor y director de Ediciones OREM


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