No tomaría al cielo por asalto
FRAGMENTO DE LA NOVELA "LA LITURGIA DEL SILENCIO"
CARLOS HUMBERTO REYES CAYOTOPA
Él
estaba convencido de que ella no vendría. No tomaría al cielo por asalto, ni la
taciturna noche, ni la empobrecida plaza, ni la soslayada esquina, de aquel
barrio, no habido ni hallado en la memoria de Dios. Súbdito del olvido, de aquel hombre que se
confiesa ante la luna, de aquel loco, que parafrasea en las paredes, aquella
moralidad que los cuerdos olvidan, como el gato, aquel gato, indiferente ante
la estupidez de la gente, que pasea por los techos esperando que el sol salga
del útero de la tierra. Esta ciudad a Cazola, le apesta, sacar el miedo del
bolsillo cuando alguien te asalta y cuando el corazón tropieza en el asfalto:
<< ¡Qué mal!>>, dijo Cazola. Miro al fondo de la calle, echando bocanadas de humo.<<
Como odio pensar en ilusiones infértiles -hizo una pausa, piso el cigarrillo-
¡bah! Me la hizo otras vez, Marcus>>, luego, fijo su mirada confusa en
los poblados cerros.
-A
lo mejor tuvo un contratiempo, ¿No lo crees, Marcus?- me pregunto.
-
Es probable- le dije.
Tenia que animarlo, tenia que ensalzar su espíritu
esclavo de ilusiones fatuos. Cazola me platicaba de ella, yo no entendía de fórmulas,
pero él me explicaba sobre el universo, de sus leyes y teorías
físicas que las gobiernan, las mujeres, claro está, cosmos cuya materia y
energía son variables y complejas. Reconozco que toda mujer pertenece al
espacio tiempo de un buen hombre, y viceversa, en la vida, para ser amantes de
las hijas de Venus, como dijo Cazola, hay que regirse fundamentalmente por
principios causales.

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