locos se curan, ¡los políticos no!

Fragmento de la novela LA LITURGIA DEL SILENCIO

Carlos Humberto Reyes Cayotopa

Entonces, me senté, y extendí los Brazos sobre la banca. Cazola cruzo la acera, tratando de no topar con los charcos de agua. Cazola, es un sujeto de estatura baja, zambo, de tez trigeña,  de cabello oscuro y de contextura gruesa, por no decir casi gordo. Ella lo esperaba del otro lado. Él tiro un salto, colgándose de su cintura,  ella sonrió. Amboshicieron una breve pausa, se miraron y sonrieron como dos chiquillos. Ella, lo tomo del brazo; caminaron hacia  al club.  Él se perdió en sus ojos, y ella,  callo en el lado oscuro de su pupila. Prendí un cigarro, contemple a un cielo cubierto color petróleo. Por un momento, pensé dejarlo todo, tomar un taxi e irme al departamento. Francamente, soy de esos tipos que se aburren fácilmente con lo secular de la vida. Ese soy yo, un ser utópico, un vate que se pregunta porque a Judas le permitieron ingresar al parlamento, y a Pedro tomar la Defensoría del Pueblo, un pueblo de explotadores y explotados, de empleadores animalistas y trabajadores sub realistas, ese es mi pueblo, como el tuyo, como el de aquel, como de los pocos que se avergüenzan tener como representante del Ministerio Publico a Magdalena. ¿Y Jesús?... bueno, Jesús es un pobre hombre que lucha contra el sistema del gobierno... que pocos creen, como tú, como aquel, como aquellos que ponen su fe en la televisión basura donde a la pobreza la callan, que según Marco Aurelio Denegrí,  la cacosmia y la televisión excrementicia es peligrosísima, ya que, no hay posibilidad de desembrutecerse o desidiotizarse. Y si me preguntan en que postura me encuentro, francamente, no soy izquierdista ni derechista, pues ambos brazos el Estado me los amputado, pues he dejado de creer en los políticos más no en la política, como lo hizo Sigmund Freud, quiso estudiar leyes  y ser político,  luego se decepciono al escuchar a Carl Bruhl aquel  Ensayo sobre la naturaleza atribuido a Goethe, quizás hubo de presumir que locos se curan, ¡los políticos no!


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