RETRATOS
Humberto Reyes Cayotopa
“Son pocos los recuerdos que liberan al fantasma de su agazapada melancolía”.
Recuerdo haberte dicho que el fervor, el celo ardiente, pudo ser el inicio de una fiable amistad. Más allá de todo concepto gnómico, lo moral es un duendecillo oculto bajo la falda de la reina. Tú como poetiza, sujeta a todo empirismo no te constituías como un icono moralista, simplemente eres la persona indicada para adornar a la palabra con un fondo musical. Siempre fuiste así, muy distinta a todas la mujeres, arrebatada sin pero que valga, en cuestión de aventurarse y dejar de lado a los que dirán del amigo de mis amigas o sin tomarse a pecho la opinión de la gente burócrata. Realmente eres única e indivisible con ese olor a almendras alocabas a todos hombres de la prepa. Claro, yo sólo era tu primo y nada más. Un provinciano más que se pinta solo en la capital. Tú me decías, cuando llegues a Lima dejaras en tu maleta lo pobre de ti. Francamente no te entendí ni “Jota”. Hasta que llegue y me tomaste de la mano y nos fuimos a vagar por toda la Costa Verde. Por supuesto, ahí fue cuando me presentaste a la gringuita esta, amiga tuya, llamada Alessandra Sventitski. Una alemana que con dificultad hablaba el español. Pero cuando por primavera vez, me fume un porrito, claramente lo entendí todo. Sabía que, en ese momento de éxtasis nuestros lenguajes formarían un solo dialecto. Un conjunto de palabras que prácticamente podría palparlo y desdibujarlo a mi manera.
Esa noche no recordé nada, ni al vecindario, ni al colegio, ni a mis padres, ni a mi pueblo, sólo a mi hermana Lucia, que vendió cara su vida por salvarme de los ronderos. Y es que, la razón porque estoy en Lima, es por aquella ocasión cuando le revente la cabeza a ese curita que quería afanar a mi hermana. Claro, como comprenderán el curita se las arreglo para negarlo a carta cabal, y mis padres, se lo creyeron todo a puño cerrado. Mejor Carlitos vete a Lima, dijo Lucia, y como ven, estoy aquí, hecho el pendejo, mordiéndome a la gringa, mientras que mi prima Mariana con ron en mano, anda vomitando en las orillas de la playa.
En fin, mes de abril, faltan pocos días para el examen de admisión. Mariana decidió viajar a Londres para postular para la facultad de Derecho y yo no sé porqué quería estudiar esa carrera si al final siempre odiaba las formalidades de mi tío que era juez. A raíz que Alessandra se suicido por sobredosis de anfetaminas mi prima ha dejado ser la misma. Incluso, ha optado por dejarlo todo, y cuando digo todo, me refiero a mi, a fiestas, drogas y alcohol, y todo verbo impersonal que involucre al concurso ideal de la poesía.
Ahora que te encuentras lejos. Me pregunto Mariana, si recuerdas a Camila, nuestra prima, tu Maga, tu Licia, tu Doria Gran, a quien vos enamoraste, ya sabes, la gente anda diciendo por ahí, tantas mentiras vestidas de serpientes, pero no te preocupes, después de todo, mis tíos están tan ocupados con su trabajo que nunca sabrán de nuestro pequeño secreto. ¡Ahhhh! ya te imaginaras que la churre ésta, me tiene sorbido el seso, siempre con sus cuentos fiaditos: Ahí está lo inverosímil Carlitos. Yo siempre fui invulnerable, como ya sabrás, es fácil caer redondita como mosca en el plato. Si bien, a Mariana Dios le ha dado la sabiduría, en cambio, yo, Carlitos, siempre he sido una bruta. Caigo fácilmente sin menor esfuerzo. Es inexplicable… pero hay un no sé qué en ella que a veces me vuelve loca. Dirás que exagero, pero el atrevimiento de quitarme con criollismo el pan de la boca, es un arte, como cuando en cada conversación usa la combinación métrica. Es para llorar y hacerse el desentendido, Carlitos. A esta chica se le vienen las locuras a cada segundo. Todos los domingos por la mañana, se sube al techo a broncear sus pezones como quien tiene la intención de destetar a los ángeles. Porque bien dicen, que tiempo atrás los ángeles y humanos formaron una nueva raza. Es por ello, que desde ese momento, comentan que todo hombre tiene algo de divino. ¿Verdad Carlitos?, repetía Camila. Yo sólo le sonreí y las deje a solas. Me pregunto, si habrías de recordar esto, porque cada vez cuando le pregunto a Camila me manda al carajo y todo porque te fuiste y nos jodiste la vida. ¡Pedazo de bruto!, me decía. Francamente, Lima me apesta, estar sólo y drogado en ésta esquina lejos de casa, me hace pensar, que no sé hasta cuando deje de estar jodido.
“Son pocos los recuerdos que liberan al fantasma de su agazapada melancolía”.
Recuerdo haberte dicho que el fervor, el celo ardiente, pudo ser el inicio de una fiable amistad. Más allá de todo concepto gnómico, lo moral es un duendecillo oculto bajo la falda de la reina. Tú como poetiza, sujeta a todo empirismo no te constituías como un icono moralista, simplemente eres la persona indicada para adornar a la palabra con un fondo musical. Siempre fuiste así, muy distinta a todas la mujeres, arrebatada sin pero que valga, en cuestión de aventurarse y dejar de lado a los que dirán del amigo de mis amigas o sin tomarse a pecho la opinión de la gente burócrata. Realmente eres única e indivisible con ese olor a almendras alocabas a todos hombres de la prepa. Claro, yo sólo era tu primo y nada más. Un provinciano más que se pinta solo en la capital. Tú me decías, cuando llegues a Lima dejaras en tu maleta lo pobre de ti. Francamente no te entendí ni “Jota”. Hasta que llegue y me tomaste de la mano y nos fuimos a vagar por toda la Costa Verde. Por supuesto, ahí fue cuando me presentaste a la gringuita esta, amiga tuya, llamada Alessandra Sventitski. Una alemana que con dificultad hablaba el español. Pero cuando por primavera vez, me fume un porrito, claramente lo entendí todo. Sabía que, en ese momento de éxtasis nuestros lenguajes formarían un solo dialecto. Un conjunto de palabras que prácticamente podría palparlo y desdibujarlo a mi manera.
Esa noche no recordé nada, ni al vecindario, ni al colegio, ni a mis padres, ni a mi pueblo, sólo a mi hermana Lucia, que vendió cara su vida por salvarme de los ronderos. Y es que, la razón porque estoy en Lima, es por aquella ocasión cuando le revente la cabeza a ese curita que quería afanar a mi hermana. Claro, como comprenderán el curita se las arreglo para negarlo a carta cabal, y mis padres, se lo creyeron todo a puño cerrado. Mejor Carlitos vete a Lima, dijo Lucia, y como ven, estoy aquí, hecho el pendejo, mordiéndome a la gringa, mientras que mi prima Mariana con ron en mano, anda vomitando en las orillas de la playa.
En fin, mes de abril, faltan pocos días para el examen de admisión. Mariana decidió viajar a Londres para postular para la facultad de Derecho y yo no sé porqué quería estudiar esa carrera si al final siempre odiaba las formalidades de mi tío que era juez. A raíz que Alessandra se suicido por sobredosis de anfetaminas mi prima ha dejado ser la misma. Incluso, ha optado por dejarlo todo, y cuando digo todo, me refiero a mi, a fiestas, drogas y alcohol, y todo verbo impersonal que involucre al concurso ideal de la poesía.
Ahora que te encuentras lejos. Me pregunto Mariana, si recuerdas a Camila, nuestra prima, tu Maga, tu Licia, tu Doria Gran, a quien vos enamoraste, ya sabes, la gente anda diciendo por ahí, tantas mentiras vestidas de serpientes, pero no te preocupes, después de todo, mis tíos están tan ocupados con su trabajo que nunca sabrán de nuestro pequeño secreto. ¡Ahhhh! ya te imaginaras que la churre ésta, me tiene sorbido el seso, siempre con sus cuentos fiaditos: Ahí está lo inverosímil Carlitos. Yo siempre fui invulnerable, como ya sabrás, es fácil caer redondita como mosca en el plato. Si bien, a Mariana Dios le ha dado la sabiduría, en cambio, yo, Carlitos, siempre he sido una bruta. Caigo fácilmente sin menor esfuerzo. Es inexplicable… pero hay un no sé qué en ella que a veces me vuelve loca. Dirás que exagero, pero el atrevimiento de quitarme con criollismo el pan de la boca, es un arte, como cuando en cada conversación usa la combinación métrica. Es para llorar y hacerse el desentendido, Carlitos. A esta chica se le vienen las locuras a cada segundo. Todos los domingos por la mañana, se sube al techo a broncear sus pezones como quien tiene la intención de destetar a los ángeles. Porque bien dicen, que tiempo atrás los ángeles y humanos formaron una nueva raza. Es por ello, que desde ese momento, comentan que todo hombre tiene algo de divino. ¿Verdad Carlitos?, repetía Camila. Yo sólo le sonreí y las deje a solas. Me pregunto, si habrías de recordar esto, porque cada vez cuando le pregunto a Camila me manda al carajo y todo porque te fuiste y nos jodiste la vida. ¡Pedazo de bruto!, me decía. Francamente, Lima me apesta, estar sólo y drogado en ésta esquina lejos de casa, me hace pensar, que no sé hasta cuando deje de estar jodido.

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